Cada
seis años se reinventa el país y lo forestal no es la excepción. Hoy toca a la
4T encabezar los esfuerzos en la materia, con el lema: “Bosques para el
bienestar social y climático de México”.
Si
trazamos una línea de tiempo en los pasados 40 años, pasamos de las grandes
concesiones de bosques a particulares (UIEF’s), que molían oyameles de más de
dos metros de diámetro normal, incluso en Loreto y Peña Pobre, CdMéX, en 1981, sin
que alguien se inmutara, a empresas paraestatales, con un impulso a la
socioproducción en la era de la Dirección General para el Desarrollo Forestal,
unidades de administración forestal (UAF’s) y de conservación forestal
(UCODEFO’s), hasta llegar a las Unidades de Manejo Forestal de hoy
(UMAFORES), con sus altibajos.
Todo
ello ligado a políticas enmarcadas en varias leyes forestales, que acotaron
el manejo – aprovechamiento previsto en ellas, pasando del manejo forestal
netamente maderable, al manejo forestal integral, volviendo al manejo – aprovechamiento
de hoy, influido por los acuerdos internacionales vinculantes, que determinan,
en muchos casos, la dirección y sentido de la política forestal y de la
normatividad forestal y ambiental aplicables.
En
todo este tiempo, el salto tecnológico fue tremendo, pasando de los teléfonos de disco, las calculadores
de mano, el radio y la televisión, a la situación actual con drones, teléfonos
inteligentes, LIDAR, imágenes de satélite de alta resolución, SIG’s web,
sensores de todos tipos, "big data" (macrodatos) e inteligencia artificial.
Sin
embargo, en tal periodo, el seguimiento (monitoreo) de los bosques en México ha
sido la materia pendiente, pues en 120 año no hemos podido consolidar un
sistema de parcelas permanentes de monitoreo.
Por
supuesto es posible hacer “timelapses” con imágenes satelitales, Lansat u
otras. Pero: ¿ que ha ocurrido en los bosques, in situ ?.
Cuál
ha sido la dinámica de los bosques, conforme clasificación del maestro Jerzy
Rzedowski, en esos 120 años.
Podemos
saber si han disminuido o se han fragmentado o deteriorado (espirales de
declinación), pero es el día en que no conocemos la dinámica de los bosques de
México.
Por
supuesto hay experiencias que han prevalecido hasta nuestro días, como el
sistema de monitoreo empírico del ejido El Largo, en Chihuahua, entre otros en
Durango, Michoacán y Jalisco, hasta la red nacional de sitios permanentes que
ha iniciado en Durango hace pocos años y que dará frutos más delante.
Sin
embargo, se requiere un monitoreo, in
situ, más detallado, que permita lograr la expectativa y requerimientos del
lema enunciado, en un entorno al cambio o variación climática global
prevaleciente, que es una realidad; y del
saqueo por inseguridad en los bosques, sin paralelo, que es otra triste verdad,
sin omitir los efectos adversos de la agroindustria, como el caso del aguacate
y el “Berry”, entre otros más.
Ya
en el Norte de México, los metrajes de
aprovechamiento por arbolado muerto han ido en aumento, algunos por
plagas y enfermedades, otros por sequía.
Si
realmente se quiere lograr el propósito implícito en el lema 4T forestal, para
los años venideros, urge que la normatividad obligue a los dueños y poseedores de
los bosques de México a dejar proporciones de parcelas, como previsto en la
metodología del SiCoDeSi, como sitios permanentes, a efecto de que la
información recabada pueda cumplir, en los hechos y no solo en declaraciones y
videos, los propósitos implícitos en ese lema, por el bien de México, sus bosques y los mexicanos del futuro.
El
seguimiento (monitoreo) de los bosques, con las necesidades y exigencias de
información requeridas actualmente, por las circunstancias enunciadas, es una asignatura
que urge aprobar lo más rápido posible.
Y
ahí si no escapan gobiernos de todos los colores, forestales, biólogos, ecologistas,
ONG’s y demás interesados en el tema, pero no aplicados en él.